viernes, 13 de abril de 2012

¿Cómo se hacen chocolatinas caseras?


Era lunes en la tarde y yo seguía pensando en qué escribir para la crónica de la clase de didáctica. Por cosas de la vida o mi mala suerte, no lo sé, el plan que tenía con mi tía de ir a hacer pan no se pudo realizar. La muerte de una familiar suya llegó y con ella se fue mi crónica.

¿Qué hago? Me comí las uñas, le pregunté a todo el mundo qué escribir, hasta que recordé que mi hermana hacía chocolatinas y  muchos de nosotros no sabemos cómo se hacen, solo las compramos, las destapamos y a la boca. Entonces me acerqué a ella le dije que si podía hacerlas mientras yo le tomaba unas fotos y escribía lo más importante, como siempre dijo que no. Así que debí rogarle, prácticamente, le dije una y otra vez hasta que dijo que sí, que las hacía pero que yo debía ser su esclava por una semana, es decir, hacer el aseo por ella y ayudarle en todas las tareas, cosas que sabe que me molestan mucho. En mi afán acepté, todo lo que uno hace por cumplir con las responsabilidades.

De repente escuché un grito que decía “yo no tengo plata, compre usted el chocolate”. Así que me dirigí hasta la pieza saqué dinero y le dije “yo pagó, pero acompáñeme”, ella es la única que sabe dónde se compra el chocolate. Nos montamos en la moto y me iba indicando por donde cruzar para llegar al sitio en el que según ella la barra de chocolate es más barata. Nos bajamos y alrededor había una plaza, entramos y ella dijo “buenas me hace el favor y me da una barra de chocolate, súper, blanca y otra negra, una bolsa de pepitas, una bolsa de crispi, un paquete de bolsas, un paquete de palos”  y la señora que atendía dijo “las bolsas de que tamaño” mi hermana respondió “de esas, de las medianas” “muestre la plata” me dijo, yo dije “¿yo tengo que pagar todo?” A lo que respondió “¿entonces quién paga todo, yo? No mija el favor es pa’usted” saqué la plata y pagué un total de quince mil pesos. Nos fuimos para la casa, guardamos la moto y empezó el trabajo.

Caminamos hacia la cocina donde ella tenía una bolsa grande llena de moldes para chocolatinas, me dijo que eligiera el que más me gustara pero que tuviera espacio para ponerle un palito al chocolate. Tenía de todas las formas: corazones, osos, ángeles, formas geométricas, muñecos, regalos, flores, frutas, etc. Yo escogí los osos me parecieron bonitos y precisos para mi gusto en chocolates, ni muy grandes porque me hastió ni muy pequeños porque quedo con ganas de más. De repente empezó a hablar diciendo “primero sacamos el chocolate de la bolsa que la señora de la confitería nos dio, luego sacamos el chocolate de la bolsa de donde viene” yo interrumpí y le dije “no sea boba empiece” y ella sonrió.  Puso un plato y con un cuchillo muy afilado fue picando la barra de chocolate negra, le pregunté que porque no le echaba entera a la olla y dijo “es que se demora más en derretir y no podemos dejar que el agua hierva porque al chocolate le salen bolas, como globitos” cada vez que pasaba el cuchillo por la barra, que a propósito era una libra, se escuchaba un golpe fuerte que retumbaba en mis oídos, así que dije cuando termine de picarlo me llama. Me fui a la pieza escribí algunas cosas sobre lo que nos había pasado y ella me gritó “venga ya, o no hago nada”, es un poco chantajista mi hermana.

Me acerqué  y ella dijo “después ponemos el chocolate a baño de María” yo le pregunté qué era eso y ella dijo “aish, pues uno pone una olla con un poco de agua, no mucha, y encima de esa pone una olla sin nada, ahí es donde va a ir metido el chocolate, pero la olla debe estar seca si se pone mojada el chocolate se daña de una vez, el otro día me pasó y no pude llevar chocolatinas al colegio, de una perdí plata” efectivamente, ella cogió el chocolate y lo metió en la olla mientras lo revolvía con una espátula de madera, le pregunté que por qué no lo batía con una de otro material y dijo “cuando mi tía fue a Bogotá me compró un juego de espátulas que son como de caucho y cuando las metía se doblaban mucho y no se batía bien el chocolate, esas la utilizo ahora para sacar el chocolate cuando las voy a echar al molde.

Batía y batía y en un momento lo dejó de hacer, tomó los moldes que yo escogí, los puso en una mesa blanca que tiene solo para las chocolatinas y dentro de cada figura iba echando una porción de pepitas de muchos colores y crispi, según ella porque así le alcanza para más chocolatinas porque esos ingrediente hacen bulto y dijo “cuando yo hago chocolatinas de corazón, esas que son  más pequeñas, sin ninguno de estos dos ingredientes, con una libra de chocolate me salen ciento diez o  ciento veinte y cuando no le echo me salen cien, o sea me gano dos mil o cuatro mil pesos más, porque cada chocolatina la vendo a doscientos pesos, já, dos mil son dos mil” y se rio. Volvió de nuevo a batir y se dio cuenta que faltaba tiempo para derretirse, dijo “uno tiene que batir constantemente y tratar de hacerlo rápido para que no hierva el agua y salgan globos en el chocolate” y yo pregunté “¿qué pasa si le salen los famosos globos?” a lo que respondió “no sé la señora que me enseñó me dijo eso” la señora de la que ella habla es una amiga que mi mamá conoció mientras hacía un curso de panadería. Luego abrió la nevera sacó todas las cosas que había para poder meter los moldes, diciendo mientras lo hacía que no se debía dejar cosas con olores fuertes en la nevera porque las chocolatinas podían coger su olor. Se acercó de nuevo a la estufa y se dio cuenta de que el chocolate ya estaba listo porque lo vio totalmente liquido  y dijo “uno sabe que ya están cuando no tienen ningún pedazo o bolas de chocolate” entonces cogió la olla con dos trapos, que tiene exclusivamente para ese momento, y se sentó a rellenar cada figura del molde, poco a poco, hasta el borde, tomó los palitos y se los puso a cada oso. Después de haber llenado cincuenta ositos metió los moldes a la nevera y dijo “tenemos que esperar, los moldes hay que dejarlos en la nevera mínimo quince o veinte minutos porque si se dejan menos entonces cuando saquemos las chocolatinas se quedan pegadas y sin brillo, no las vaya a meter en el congelador, y no pregunté por qué porque no sé” Así fue nos sentamos a esperar mientras contaba sus anécdotas de las veces que se le había dañado el chocolate por no secar bien la olla, de la plata que había perdido por no venderlas, de lo que pudo haber hecho con esa plata, que nuca tuvo en fin, como todos los colombiano diciendo “hubiera hecho, hubiera comprado, hubiera…”.

Pasada media hora sacó los moldes de la nevera, puso un trapo blanco encima de la mesa y le dio pequeños golpes a los moldes. Mientras tanto salían las chocolatinas rápidamente. Buscó las bolsas y en cada una metía un osito así hizo con todas las chocolatinas y al final trajo la cinta que tenía para amarrarlas con un nudo en forma de corbata, cada vez se veían más bonitas. Luego buscó dos cajas y en cada una metió veinticinco chocolates, encima escribió con un marcador la cantidad indicada, trajo una bolsa y las dejó de nuevo en la nevera para llevarlas al colegio al otro día. Ella coge una caja para ella y la otra se la da a su amiga del salón, Vanesa, quien las vende, cada chocolatina vale cuatrocientos pesos, y le da la mitad de lo que gana a mi hermana. Se acercó a mí y me dijo “Listo, mi parte del trato ya está hecha ahora empieza la suya tengo que hacer un mapa conceptual hágamelo” a lo que respondí “era ayuda en sus tareas no hacérselas, además ya tengo lo mío ¿lo toma o lo deja?” ella dijo “usted cómo siempre, tramposa” y se fue brava. Así terminan todos nuestros tratos en medio de una pelea en la que yo  salgo ganando.

Un día sin que ella cayera en la cuenta la espíe mientras hacía las chocolatinas, de repente vi que le echaba algo diferente, a lo que yo había visto aquel día, mientras las preparaba, eran unas matitas verdes, marihuana. Quedé extrañada ante lo que pasaba. Así que decidí sorprenderla y cuestionarla al mismo tiempo, le dije “¿usted consume marihuana?” Y ella dijo “no, déjeme explicarle” yo le dije “a ver” y ella de una manera impaciente y al mismo tiempo nerviosa me decía “ es que no me  estaban comprando las chocolatinas entonces un amigo se dio cuenta y me dijo que le echara marihuana que a los chinos les gustaba, entonces por conseguir la plata pues lo hice. A veces le echo, no todos los días, y los pelados me compran más, pero no le vaya a decirle a mi mamá” yo le dije muy seria que no era necesario hacerlo que si no las vendía pues buscaríamos otra cosa para vender, que yo no le diría a mi mamá con el compromiso de que no lo volviera a hacerlo, ella accedió continuó con su trabajo y yo me fui para mi pieza donde me encerré y reí hasta que no pude más y luego de eso pensé dos cosas: primero tendré que conocer los amigos de mi hermana  y segundo“¿hasta dónde se puede llegar por conseguir dinero?”

ANDREA CAROLINA GÓMEZ BECERRA

domingo, 22 de enero de 2012

RUTINA ¡OH! RUTINA


Duerme profundo y  entre sus sueños escucha música, no le importa porque sabe que hace parte de él, pero reacciona acordándose que no es ningún concierto de rock, es su celular que suena desde hace rato indicando que es hora de despertarse. Así que mira el reloj y se da cuenta de que son las  7:30 am, está a una hora y media de llegar al lugar de práctica. Sale del cuarto y  desayuna algo que su mamá le hace, si ella no se encuentra solo se toma el milo que preparó porque le da pereza hacer algo más. En seguida piensa en si se duchó la noche anterior, si es así no lo hace en la mañana, se viste y sale a tomar el bus, que pasa por el frente de su conjunto, y que lo deja muy cerca al colegio de las Américas, lugar donde hace las practicas en sexto grado. En la ruta del bus siempre va escuchando música.

Cuando llega al colegio, si es temprano, espera a su compañera de práctica, Laura y de paso le ora a todos los dioses para que no llegue su directora de práctica a observarlo, si es que ese día tiene que dar la clase, porque se pone nervioso y además no le gusta ser observado mientras hace su “trabajo”. Cuando empieza la clase los estudiantes lo respetan, se comportan de buena manera sobre todo si viene la directora de práctica, ellos saben que de su buen comportamiento dependen las observaciones  que les hagan a los practicantes. Pero pasa algo curioso y es que cuando Laura da la clase los estudiantes hablan, hablan, y hablan, se paran del puesto, molestan en fin. “Eso se debe, quizás, a que yo soy hombre  y ella o mujer, ven en ella debilidad y en mí hombría”, afirma José, y dice “qué pena lo machista”
Mientras dicta la clase, y desde el primer día de prácticas, se ha fijado en dos alumnos particularmente: Hector y Mayra. El primero tiene una pierna más corta que la otra, es muy entusiasta a la hora de aprender inglés, y le estrecha la mano como si fuera un adulto, firme y con movimientos bruscos aunque muy amigable. Y la segunda,  alias la “chiqui”  siempre lo saluda con un abrazo, como tratando de recibir a cambio lo que no puede tener en casa.
Después de 50 minutos  la clase se acaba, sale del salón y habla con su compañera sobre las observaciones de la clase. Caminan despacio hasta que los dos toman rumbos distintos y José se encamina a tomar el bus por tan solo mil pesos.

Llega a  las 11 am a su casa, descansa un poco, prende el computador para ver si la nena que le gusta está conectada y de paso comentarle algo insignificante para comenzar una conversación. Mientras eso pasa, revisa el correo, escucha música y habla con mil personas al mismo tiempo por Messenger. Luego su tío lo llama  a almorzar y José  pregunta “¿qué día es hoy?” Porque dependiendo del día sabe qué almuerzo le servirán, ya que los compran siempre donde la misma señora, Aurora. Y su tío le responde “es miércoles” y por su cabeza pasa el menú de ese día: espaguetis, arroz, carne molida, papas fritas y jugo de mora, “delicioso” dice él. Entonces almuerza, descansa un poco, y  a la 1:30 pm se ducha, se cambia y sale, de nuevo,  a esperar el bus al frente de su conjunto que va hacia la carrera 33, pues ahí queda su lugar de trabajo. Se baja frente a la clínica Bucaramanga cruza la carrera y llega a su pequeña universidad.

Cuando entra, saluda a todo el mundo, sin importar si no son alumnos suyos. En ese momentos son las  2:45 pm corre a buscar en que salón tiene clase y se da cuenta de que hoy, como todos los días, le corresponde  el número dos. Ingresa al salón, saluda a sus estudiantes, les cuenta que van a hacer en el ciclo 2, les explica el tema y tanto él como sus alumnos se ríen de lo que pasa en clase, el ambiente es ameno. Pero a las 4 acaba la clase, normalmente se acaba a las 4:15, para poder ir a fumarse un cigarrillo, Malboro Ice de preferencia,  a la cafetería de doña  Vilma, sin embargo si ve que la mayoría de los estudiantes van llegando  a la próxima clase, de ciclo 2 ,a las 4:15 se fuma el cigarro rápido, aunque si hay más plata se compra un tinto. Sale de esta última clase a las 5:30 pm y tiene media hora de descanso, así que se fuma otro cigarro, habla con los compañeros, las recepcionistas o con estudiantes y a las 6 entra a otro salón,  al  número 6, pero esta vez a dar ciclo 4. Y se repite lo mismo hasta las 7:20 pm cuando sale a saludar pues ya no tiene para el  cigarrillo. Y vuelve e entrar a las 7: 30 pm a dictar ciclo 3 en el mismo salón, pero esta ya es la última clase del día.

Se despide de todos y espera a  otro colega que vaya de salida para hablar del día, de las estudiantes más buenas, de con cuántas de ellas se han  acostado, hablan de todo, hasta llegar a la esquina del Club Unión donde esperan el bus y cada uno se va para su casa, si nada extraordinario ocurre en ese momento.
Cuando llega a la casa alrededor de las 10 pm, su mamá le pide que lleve a la perra al parque. Él muy cansado y a regañadientes la saca de la casa, la lleva al  parque espera  a que cague y orine, dice José, y la sube nuevamente. Come algo parecido a lo del almuerzo, luego prende el computador, revisa el  correo electrónico, habla con los mismos por Messenger, escucha música hasta las 11pm y se lava los dientes. Después se acuesta, prende el televisor y ve Dr. House o alguna serie policiaca, y a las 12 am apaga todo y se va a dormir porque más tarde entre sus sueños estará soñando con un concierto de rock…

ANDREA CAROLINA GÓMEZ BECERRA 

PACOJA



Sonó el celular a las 10 de la mañana. Era una llamada que avisaba el trabajo que podría realizar, si aceptaba, dentro de 10 días. Ericcson, presidente de la fundación corazón en parches, le contaba al otro lado del teléfono quién sería su próximo paciente y Juan Camilo escuchaba atentamente: “8 años, género femenino, se le realizó una Cirugía para corregir los Cornetes Nasales, lleva 2 días en la casa y se le debe realizar terapia posoperatoria. Los papás van a estar allí porque la están cuidando,  tiene un hermanito de 9 años, debe realizar la terapia a eso de las tres de la tarde en Piedecuesta, durante una hora con la paciente. Usted sabe cómo es la cosa, relajado, con toda Pacoja. Un abrazo parcero, me avisa cualquier cosa".
Él cuelga y yo le digo: Por una hora hasta Piedecuesta y ¿cuánto le pagan y quién le paga? Juan responde: a quienes realizan la terapia se les paga 15 mil pesos por una hora de trabajo.  “El pago lo realiza la persona con quien se contrató la terapia, en este caso, con el Centro médico, es decir, los pacientes serían los beneficiarios del servicio ofrecido por este, un contrato con la Fundación Corazón en Parches.  Lo que sucede es que el Centro Médico incluye 2 terapias por paciente, una preoperatoria y otra postoperatoria, para la disminución de los niveles de ansiedad y estrés, para modular el proceso de recuperación y priorizar la tasa de recambio inmunológica del paciente, potenciando positivamente el sistema inmune y deprimiendo las hormonas y neuropéptidos negativos en el paciente” yo sonreí porque no entendí muy bien lo último.
Este trabajo también lo realizamos en el Hospital Universitario de Santander, pero de manera gratuita, la diferencia es que la terapia es de máximo 15 minutos por cuarto y ya no es tan personalizada porque por cuarto hay dos o  tres camillas con pacientes, allí atendemos entre las 2 y las 6 de la tarde los sábados y alcanzamos a ir a donde veinticinco pacientes, más o menos.

Sin embargo empecé a imaginar cómo sería un día con Juan Camilo y Pacoja al mismo tiempo, así que le propuse acompañarlo aquel día y él  sin más ni más dijo que sí. Pero la intriga me mataba ¿de dónde había salido Pacoja? y empezó a contarme la historia de su clown.
“El Dr. Pacoja, dice Juan Camilo con mucha propiedad y orgullo, nació hace más o menos  3 años después de unos 6 meses de conocimiento personal, de explorarme y explorar el mundo más detalladamente, después de recibir 3 módulos de preparación como clown , en la fundación, que se dividen así: la primera parte es "perder la pena y el miedo"; la segunda parte es "técnicas de preparación clown" y la tercera parte es  "Conocimiento y creación del clown".
Pacoja es la combinación de un Paisa, Costeño y Jamaiquino. Paisa por que el man en sus genes locos es como revendedor, culebrero, habla más mierda que un putas, le gusta mamar gallo, conocer a todo el mundo y molestar. Costeño por que le gusta la rumba, la furrusca, la playa, el relajo, la buena vida y "no hacer más ná'", como diría la canción. Y Jamaiquino porque él fue criado en Jamaica aunque nació en la costa y su mamá es paisa. De toda esa mezcla de culturas nace Pacoja, un Paisa-Costeño-Jamaiquino, un niño que no tiene más de 3 años y que no recuerda cuándo nació, solo sabe que fue hace como 3 años en un Octubre-Noviembre y nació del corazón.” 

Yo pienso y sonrío en mis adentros… ¡de dónde inventa todo esto! Continua diciendo “su primer respiro ante el mundo clown lo realizó en las instalaciones del Canal TRO, para el programa "Jugando a la TV". En ese tiempo el Dr. Pacoja estaba empezando a madurar, a conocerse, a fundarse, a ser cada día más él mismo.” Juan habla, habla y habla contando historias de su clown. Desde aquel entonces y hasta el sol de hoy el Dr. Pacoja ha pasado por infinidad de sucesos, historias, anécdotas, de las cuales solo pacoja, en el mejor de sus momentos y con la mejor de las disposiciones, podría contarnos a todos, ya hasta yo me metí en el cuento,  una a una sus infinitas aventuras. Gran parte de ellas vividas en el Cuarto piso del Hospital Universitario de Santander, en el Pabellón de Pediatría, entre las salas de Infectología, Oncología, y Cirugía. Todo eso nace de Juan Camilo Monsalve Betancur, esa es la esencia, el Histrión, "El Arjé" de Pacoja.
Escuché atentamente sus historias y luego me fui, le di un beso y quedamos de vernos, dentro de diez días, para acompañarlo en su trabajo.

Pasado el tiempo recibí una llamada era Juan Camilo diciéndome que llegara en media hora a su casa, pero en ese momento no podía ir así que le pedí que por favor después me contará todo con lujo de detalles, él aceptó. 

Mientras tanto él empezó a entrar en "su estado clown". Así que puso Latinastereo, por que le gusta mucho la salsa aunque al clown le gusta el reggae, de esta manera se sintoniza con él. Luego buscó la nariz (de color celeste, por cierto, por que es su color favorito y por ende, le encanta a Pacoja) la cual está guardada en "El pote de la risa", una cajita en la que están algunas narices utilizadas por él y que a veces presta a otros clowns para realizar terapia, allí se resguarda la esencia de la risa, el juego y el amor.Del closet sacó: la camisa de Pacoja, la bata, el pantalón y los zapatos, entre otros elementos del Dr. Pacoja, los cuales son utilizados por él para "enamorar" al mundo, y que el mundo se enamore de él. Cuando encontró toda la indumentaria la planchó con mucho cuidado, la dobló, alistó todo y lo metió en su bolso.

Cuándo salió de casa tomó el bus, en la carrera 22  con calle 36 sentido norte-sur, para Piedecuesta. Cabe anotar que en el bus se topó con la otra compañera de trabajo,  la Dra. Minina. El problema fue que ninguno de los dos sabía en qué lugar quedaba la casa, porque ninguno conocía la dirección y  mucho menos Piedecuesta. Afortunadamente una señora que iba en el bus vivía a cuatro cuadras de la dirección y ella los llevó hasta la puerta.
La casa de Juli, como le decía de cariño Juan y Pacoja, estaba situada al lado de una panadería de la que salía un olor exquisito, que solo les hacía dar hambre. Cuando Juan entró se dio cuenta de que los beneficiarios de la terapia eran personas de bajos recursos, vivían en un apartamento improvisado en el segundo piso de una casa,  apenas para una familia joven con dos hijos pequeños, era una familia muy bonita.

Conoció a los papás de Juli, a Juli y a su hermanito Santiago. Los saludaron, charlaron un rato sobre sus vidas, en los sillones de la entrada de la casa. Era una familia Cristiana no católica como él, sin embrago eso no fue impedimento para una buena relación momentánea. Los dos pidieron permiso para ausentarse y caminaron hasta el cuarto de los niños. Allí había  dos camas pequeñas, de madera y metal, sencillas, muy bonitas, con sábanas de matachitos, las cuales estaban ubicadas al frente de la puerta, de forma perpendicular, el cuarto era pequeño, las paredes eran de color pastel con apliques de muñecos, el closet quedaba al lado derecho de la puerta y tenían un televisor. Al llegar se cambiaron y empezaron a sacar a relucir sus clowns, olvidándose de ellos mismos. En el proceso de preparación, mientras se maquillaban y vestían se demoraron quince minutos, otras veces de demoran hasta una hora según como se vaya "entrando en estado clown".

Salieron del cuarto hacia la sala en donde los esperaban los niños.  El Dr. Pacoja tenía frío, gripa y pereza, pero  en medio de su timidez saludó a la paciente y a su hermano con su carta típica de presentación, una frase poco audible, y que después de dos o tres intentos se puede entender, dice así: "YosoyelDr.PacojamedicopayasólogoConÉnfasisenPayasologíaPediátricadelaUniversidad
PayasológicadelCaribeColombiano" y empezó a improvisar, la más grande herramienta del clown,  le preguntó a los niños qué hacían en la vida la vida, qué edad tenían, qué les gustaba hacer(comenzó a bostezar, siempre tiene hambre) jugó con ellos, cogía  cualquier cosa y empezaba a percutir, a golpear, a molestar. Él  llevó dos juegos de armatodo con casi cien piezas, y empezaron a armar cosas locas con el lego y a jugar con los papás también, a construir barquitos, carritos, torres etc. En este caso el Dr. Pacoja terminó jugando a las escondidas dentro de la casa de los niños, junto con los padres. Jugaron unas cuatro o cinco veces y él perdió en repetidas ocasiones. Al despedirse los clowns expresaron a los pacientes que se debían ir a otra casa a realizar otra terapia, pero que algún día se volverían a ver.

En seguida el papá de los pacientes los acompañó hasta la terminal principal de buses de Piedecuesta. Allí su compañera de trabajo cogió un bus diferente al de Juan Camilo porque él iba a encontrarse conmigo para contarme todo lo que le acababa de pasar en su tarde de trabajo.
  
     ANDREA CAROLINA GÓMEZ BECERRA

martes, 11 de octubre de 2011

"LA ROPAVEJERA"



Suena la alarma del celular, abro los ojos y despierto a las 7 de la mañana para ir a clase de 8 como todos los martes y lo hago exactamente a esa hora porque la noche anterior  han pasado por mi mente  cálculos de cuánto me demoraré haciendo cada cosa al despertar: 10 minutos bañándome; 10 minutos vistiéndome; 10 sacando la moto, calentándola y llegando a la casa de Julio, mi compañero de universidad quien vive a la vuelta de mi casa y al que siempre debo esperar cuanto voy a recogerlo; 20 minutos de la casa a la universidad y 10 bajando del parqueadero al salón de clase, parece perfecto. 

Así que con el tiempo preciso me levanto de mi cama, con toda la calma del mundo, veo a mi madre haciendo el desayuno, el cual nunca alcanzo a comer porque como podrán ver no está entre mi pequeño cronograma, sigo hacia el baño y al lado derecho está mi tío, que vive con nosotros, está separado hace más de 20 años y  es muy amargado.     Me baño salgo rápidamente porque observo el reloj y me doy cuenta  de que son las 7:20, es decir, voy retrasada respecto a lo  que planee, me visto y salgo rapidísimo a la casa de Julio mientras mi mamá me grita “y no va a comer nada” y yo digo “no, yo como algo en la universidad” aunque en el fondo sé que es mentira porque no llevo ni un peso y además prefiero no comer y ahorrar para otras cosas, ella vuelve a gritar mientras yo arranco mi moto y me dice “que le vaya bien” yo respondo “sí, chao”. 

Cruzo la calle en contra vía para llegar a casa de Julito, pito y desde el fondo de la casa me hace señas de que espere, yo espero impaciente porque ya son las 7:45, así que vamos tarde. Sale rápido con su saco y bolso en mano, le doy el casco, se monta en mi moto y arrancamos a toda velocidad mientras  me hace preguntas yo  le respondo y viceversa, hablamos de todas las cosas del día anterior de las cuales no estábamos enterados. En ese lapso pasamos por la estación de buses del barrio Santander, lugar de orientación para aquellas personas que se dirigen para mi casa, ubicada al lado izquierda igual que el puesto de salud que se encuentra más adelante;  luego al lado derecho la cancha de tejo y la cancha de futbol llamadas “Dos amigos”; después la parabólica así le llaman a una antena que hay la cual da señal para tv. En ese momento han transcurrido 2 minutos y hemos pasado por 6 cuadras y para seguir en nuestro recorrido tengo dos opciones ya que en la parabólica hay un camino dividido en dos, o una Y que  llaman, así que decido tomar el de la derecha, que es un poco escondido pero es más rápido para llegar al otro lado, y si que nos sirve porque nuestro tiempo se agota.

Cuando tomo ese camino, habiendo pasado tan solo 10 metros del inicio de este, le pregunto a Julio “y que hizo anoche” cuando en frente de mí veo a una abuelita que va pasando la calle. Ella lleva un costal al hombro, una camisa color fucsia, una falda larga azul y en sus pies lleva una cotizas, le pito mientras Julio me responde, pero ella no se inmuta así que cuando me doy cuenta ya la tenía muy cerca, alcance a frenar pero no fue suficiente porque la señora era muy débil y con solo tocarla cayó al piso. La moto estaba encima de mi pierna izquierda y no sé qué paso con Julio porque él iba detrás mío, solo sé que cuando frené pensé en no rayar la moto porque era nueva, llevaba con ella menos de dos meses, y ya la estaba inaugurando. Así que saqué fuerzas de donde no tenía porque mi tobillo y mi perna estaban raspados y doloridos y además la moto pesaba mucho, la alce y me dirigí hacia donde la abuela y me di cuenta de que Julio ya estaba ahí, al lado de ella, pero no le ayudaba ni decía nada entonces yo le dije “ayúdela” y él dijo “eso hago”. Yo le cogí la mano a la señora y le dije “señora, ¿está bien?” pero ella lo único que respondía era “ah, ah, ah”, la señora era sordomuda. 

De pronto mire hacia los lados y la gente esta chismoseando todo, pero cuando mire hacia el  sitio donde la señora se encontraba tirada ya no estaba, mire al fondo de la calle y la abuelita iba muy lejos. Todo el mundo gritaba “cójale las placas” yo solo los mire y les dije “no ven que yo le dije y no quiso, además miren donde va, yo no puedo hacer nada” una señora se me acercó y me dijo “mija ¿sabe qué? lo mejor es que vaya  a la estación de policía y cuente que usted atropelló a una abuelita” yo me quede en silencio. Poco después revise mi moto la cual estaba rayada por el lado que tocó la carretera y Julio no tenía nada.
Nos montamos de nuevo en la moto y llegamos a una Y  que hay más adelante, la abuelita había desaparecido,  tomamos el camino de la derecha. Repetíamos la historia y nos reíamos de la habilidad de la señora para caminar tan rápido pero no en el momento indicado, cuando de pronto salió volando el retrovisor derecho yo frene y me baje  de la moto lo recogí mire si estaba rayado y efectivamente era así, entonces mire a julio y empezamos a reír, quizás producto del shock en el que nos encontrábamos. Puse el espejo como pude  pero cada vez que había un hueco en la calle se movía entonces paramos en una parte donde despinchan motos y le dije al señor “buenas señor ¿usted me podría hacer un favor? es que se me cayó el retrovisor ¿podría apretarlo?”  El señor no respondió nada pero volvió con una llave fija de las que utilizan los mecánicos le dio dos vueltas al espejo y quedó muy bien, miré al señor y le dije “¿cuánto le debo?”  y sonreí el dijo “deme dos mil” yo abrí mi cartera y vi que no tenía ni un peso le respondí “¡uy! tanto” y de manera agresiva me dijo” si ve, es que no valoran el trabajo di uno” y se fue refunfuñando; yo pensé ni que hubiera hecho que, tan avariento. Prendí mi moto y le dije a Julio  “Ahora viene este viejo marica a joder después de que acabo de atropellar a una abuelita”.
Me fui despacio pues ya no alcanzábamos a llegar a las 8 y además porque no quería volver a atropellar a nadie. Llegamos a la universidad parqueamos la moto bajamos y me encontré al profesor Wilson, él me dictaba didáctica de la lengua materna 1, y le conté la historia y me dijo  “por eso primero frene y luego pite” nos reímos. Yo me fui para el salón  y recuerdo que estaba como en shock, no estaba en este mundo. De esta forma decidí salir del salón y llamar a alguien con el que quería hablar y el cual todo se esperaba menos que yo me acercara y lo llamara. Fue extraño porque hacía más de  8 meses que no nos dirigíamos una sola palabra. Le conté la historia de la abuelita atropellada mientras yo lloraba y  pensaba me estoy desasiendo del shock. Él igual que siempre, mientras  yo le contaba mi historia, animaba la situación con un chiste y me decía “entonces ahora atropella ropavejeros”.

Todo me imagine menos terminar hablando con él por ese motivo y contándole la historia para que me escuchara y desahogarme, pero así fue. Tampoco espere atropellar aun abuelita ese día. Todo estaba tan planeado que parecía perfecto. Aprendí  tres cosas primero, cuando vuelva a atropellar a alguien, que espero no pase, dejaré la moto a un lado y me preocuparé por el atropellado, el pato y por mí de ultimo la moto; segundo, primero frenaré y luego pitaré y tercero en cualquier momento de la vida pasan cosas que ni usted ni  yo no podremos imaginar.

Escrito por: ANDREA CAROLINA GÓMEZ BECERRA